La realidad de la Montaña de Colores en Perú

La Montaña de Colores, también conocida como Vinicunca, pasó de ser un lugar prácticamente desconocido a convertirse en uno de los destinos más visitados de Perú. Lo curioso es que, hasta hace algunos años, esta montaña permanecía cubierta por nieve durante gran parte del año. Con el retroceso de los glaciares comenzaron a aparecer las franjas de minerales que hoy le dan esos tonos rojizos, amarillos, verdes y ocres que la hicieron famosa en todo el mundo.

Las redes sociales hicieron el resto. Fotografías con colores muy intensos despertaron la curiosidad de miles de viajeros que empezaron a incluir este lugar en su recorrido por Cusco.

Nosotros, siendo completamente sinceros, nunca tuvimos pensado visitarla. Siempre pensamos que esas fotografías estaban demasiado editadas y que gran parte de su fama se debía a los filtros.

Sin embargo, todo cambió cuando un amigo de André, que ya había recorrido la zona, nos contó que en realidad existen dos montañas de colores. La primera es Vinicunca, la más famosa y donde llegan la mayoría de turistas. La segunda es Palccoyo, una alternativa mucho más tranquila que muy pocos viajeros conocen y que ofrece paisajes igualmente interesantes, pero sin las grandes multitudes.

Esa conversación despertó nuestra curiosidad y decidimos comprobar por nosotros mismos qué tan cierta era toda la fama que rodea a este lugar.

Cómo llegar a la Montaña de Colores?

Existen dos opciones principales para visitar estas montañas.

La más conocida es Vinicunca, ubicada a unas tres horas en vehículo desde Cusco. La mayoría de personas la visita mediante un tour organizado que incluye transporte, desayuno y almuerzo. Después del recorrido en carretera comienza una caminata de aproximadamente una hora y media, aunque también es posible alquilar un caballo para parte del trayecto.

La segunda opción es Palccoyo, considerada por muchos como la alternativa tranquila a Vinicunca. El recorrido en vehículo es similar, pero la caminata es mucho más corta y sencilla, por lo que resulta una excelente opción para quienes prefieren disfrutar el paisaje sin realizar un esfuerzo tan exigente.

Nosotros hicimos el recorrido de una manera diferente. Como estábamos viajando en moto por Perú, simplemente seguimos la ruta hasta la entrada del lugar y pagamos el acceso.

El precio de la entrada puede variar con el tiempo, pero normalmente se cobra de manera independiente para cada montaña, por lo que conviene llevar efectivo si piensan hacer la visita por cuenta propia.

Altura y clima: dos cosas que no debes subestimar

Tanto Vinicunca como Palccoyo se encuentran a más de 4.800 metros sobre el nivel del mar, por lo que la altura se siente incluso si normalmente no tienes problemas en otros destinos.

Por eso recomendamos pasar al menos un par de días en Cusco antes de realizar la visita, mantenerse bien hidratados y caminar con calma durante todo el recorrido.

Otro aspecto que nos sorprendió fue el clima. Aunque durante el día puede salir el sol, el viento y la temperatura cambian muy rápido, especialmente en horas de la tarde.

Nuestro consejo es llevar varias capas de ropa, una buena chaqueta, gorro y guantes. Es mucho mejor quitarse una capa si hace calor que pasar frío durante la caminata.

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Lo bueno y lo no tan bueno de la montaña de colores 

Desde nuestra experiencia, lo mejor de haber elegido Palccoyo fue la tranquilidad. Durante gran parte del recorrido estuvimos prácticamente solos, así que pudimos caminar a nuestro ritmo, detenernos donde quisimos y disfrutar el paisaje sin prisas.

Además, el camino hasta llegar a la montaña nos pareció tan bonito como el destino final. Las montañas, los pequeños pueblos y las alpacas que aparecen durante el recorrido hacen que el viaje valga la pena por sí solo.

Lo no tan bueno fue que llegamos en la tarde. El frío era bastante intenso y las alpacas que suelen estar cerca de los miradores ya no estaban, así que nos quedamos con las ganas de tomar algunas fotografías con ellas.

Y, siendo completamente honestos, los colores de la montaña no son tan vibrantes como muchas veces se ven en redes sociales. En persona sí se distinguen perfectamente las diferentes tonalidades y el paisaje resulta muy bonito, pero las imágenes que circulan por internet suelen tener una saturación de color mucho mayor que la realidad.

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Entonces… ¿vale la pena visitar la Montaña de Colores?

Nuestra respuesta sería sí, pero con expectativas realistas.

Si la Montaña de Colores queda dentro de tu ruta por Cusco, creemos que es un lugar que vale la pena conocer. El paisaje es diferente a cualquier otro, el recorrido ofrece vistas muy bonitas y es una experiencia que recordarás.

Eso sí, te recomendamos no ir esperando encontrar exactamente los colores que ves en algunas publicaciones de internet. La naturaleza tiene tonos mucho más sutiles y, aunque en persona la montaña nos pareció más bonita de lo que logra transmitir una fotografía sin filtros, la realidad es diferente a la imagen que muchas veces se vende en redes sociales.

Al final, creemos que disfrutar este lugar depende más de apreciar el paisaje tal como es que de intentar encontrar la foto perfecta.