Ruta de 7 días por Pakistán: mi itinerario entre Lahore, las montañas y Peshawar

Cuando reservé el vuelo a Pakistán tenía un plan muy sencillo: conocer Lahore, visitar Islamabad y regresar una semana después .Nada salió como esperaba.

Y, precisamente por eso, terminó siendo uno de los viajes más auténticos que he vivido.En solo siete días pasé de recorrer los caóticos mercados de Lahore a dormir con un grupo de desconocidos en las montañas del norte. Crucé parte del país en trenes abarrotados, viajé en furgonetas donde parecía imposible que cupiera una persona más y acabé caminando por las calles de Peshawar, una ciudad que durante años solo había conocido por las noticias.

Si solo dispones de una semana para visitar Pakistán, esta es la ruta que personalmente recomendaría.No es el itinerario más cómodo. Pero probablemente sea el que mejor resume la esencia del país.

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Días 1 y 2: Lahore, la ciudad que rompió todos mis prejuicios sobre Pakistán

Si solo tienes una semana para visitar Pakistán, empezaría exactamente igual que yo: por Lahore.

No solo porque sea una de las ciudades más importantes del país, sino porque creo que es el lugar perfecto para entender Pakistán. Aquí recibes el mayor choque cultural del viaje y, al mismo tiempo, descubres la increíble hospitalidad por la que los paquistaníes son famosos.Llegué ya de noche, pero eso no impidió que la ciudad me golpeara de lleno desde el primer minuto.

Todo parecía un desorden absoluto.Era un caos que solo los propios paquistaníes parecían entender.

Aquella primera noche apenas salí a caminar un rato por los alrededores del alojamiento. No necesitaba visitar ningún monumento; simplemente quería observar. Recuerdo el olor constante a carbón, especias y pan recién hecho mezclándose con el humo del tráfico. En cada esquina había puestos de comida donde enormes ollas hervían sin descanso y hombres sentados en pequeñas sillas de plástico compartían un chai mientras conversaban tranquilamente.

Apenas llevaba unos minutos caminando cuando un hombre me sonrió desde su tienda.

—“Where are you from?”

Era una pregunta que escucharía decenas de veces durante aquella semana.Cuando respondía que era portugués, casi siempre llegaba la misma reacción: una sonrisa enorme seguida de una invitación para tomar un té o hacerse una fotografía conmigo.Hasta ese momento yo había viajado por bastantes países, pero nunca había sentido tanta curiosidad por parte de la gente. No era una curiosidad incómoda; al contrario. Era sincera. Muchos simplemente querían conversar unos minutos o practicar unas palabras en inglés.

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Mañana del primer día: explorando la Ciudad Amurallada

Al día siguiente madrugué para evitar el intenso calor y me dirigí hacia la Ciudad Amurallada, el corazón histórico de Lahore.Mi consejo es empezar temprano, sobre las ocho de la mañana. A esa hora las calles todavía están relativamente tranquilas y puedes disfrutar del ambiente antes de que lleguen los grandes grupos de visitantes y el tráfico se vuelva todavía más intenso.

La Ciudad Amurallada es un auténtico laberinto de callejuelas estrechas donde parece que el tiempo se ha detenido. Los balcones de madera sobresalen sobre las calles, pequeños talleres familiares siguen trabajando como hace décadas y los comerciantes empiezan a levantar lentamente las persianas de sus negocios.Lo mejor que puedes hacer aquí es olvidarte del mapa.

Camina.Piérdete.Déjate llevar por el ruido, los olores y el movimiento.Cada pocos metros descubrirás una mezquita escondida, un patio interior o una pequeña tienda donde varias generaciones de una misma familia continúan elaborando los mismos productos desde hace décadas.

La impresionante Mezquita Badshahi

Pocos minutos después aparece uno de los lugares más espectaculares de todo Pakistán.

La Mezquita Badshahi.

Había visto cientos de fotografías antes de viajar, pero ninguna transmite realmente su tamaño.

Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb, fue durante mucho tiempo una de las mezquitas más grandes del mundo. Su enorme patio puede albergar más de cincuenta mil fieles durante las grandes celebraciones religiosas.

Entrar descalzo y cruzar lentamente el inmenso patio de mármol produce una sensación difícil de explicar. Todo parece gigantesco. Las cuatro torres, las cúpulas de mármol blanco y la fachada de arenisca roja crean una combinación espectacular, especialmente por la mañana, cuando la luz todavía es suave.

A diferencia de otros lugares turísticos, aquí todavía predominan los visitantes locales. Familias enteras pasean por el patio, niños juegan mientras los adultos descansan a la sombra y muchos se acercan simplemente para saludarte y preguntarte de dónde vienes.

Perdí fácilmente una hora hablando con varias familias que insistían en hacerse fotos conmigo. En ningún momento tuve la sensación de ser una molestia; al contrario, parecía que mi presencia les hacía tanta ilusión como a mí descubrir su ciudad.

Información práctica

  • Entrada: gratuita.
  • Tiempo recomendado: entre una y dos horas.
  • Lleva pantalones largos y hombros cubiertos.
  • Tendrás que descalzarte antes de entrar.

El Fuerte de Lahore

Justo enfrente de la mezquita se encuentra el Fuerte de Lahore, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Aunque muchos viajeros lo visitan rápidamente, merece la pena dedicarle al menos un par de horas. Sus patios, jardines, salones decorados y antiguos pabellones permiten comprender la enorme riqueza que tuvo el Imperio Mogol.

Desde algunos puntos del fuerte también tendrás unas vistas magníficas de la Mezquita Badshahi.

La entrada para extranjeros ronda los 2.000 rupias pakistaníes (unos 6 o 7 euros), una cantidad bastante razonable teniendo en cuenta la importancia histórica del lugar.

Almuerzo: descubre la verdadera cocina pakistaní

Después de toda la mañana caminando, llega el momento de probar una de las grandes sorpresas del viaje: la comida.La gastronomía pakistaní me pareció mucho mejor de lo que esperaba.Muy especiada, sí.

Pero también increíblemente sabrosa.Si es tu primera vez en el país, prueba un chicken karahi acompañado de naan recién hecho. Es uno de los platos más tradicionales y probablemente terminarás repitiendo varias veces durante el viaje.Una comida abundante difícilmente superará los 5 o 6 euros.

La ceremonia de Wagah: el espectáculo más surrealista de Pakistán

Por la tarde toca uno de los momentos más curiosos de todo el viaje.A unos 30 kilómetros de Lahore se encuentra la frontera entre Pakistán e India, donde cada tarde tiene lugar una ceremonia militar que parece sacada de una película.Mi consejo es salir de Lahore sobre las tres de la tarde para llegar con tiempo. Dependiendo del tráfico, el trayecto puede durar entre 45 minutos y una hora.

Lo primero que sorprende es el ambiente.Lejos de ser una frontera silenciosa, aquello parece un estadio de fútbol.

Los militares de ambos países comienzan entonces un desfile perfectamente coreografiado, con pasos exagerados, miradas desafiantes y enormes patadas al aire mientras avanzan hacia la puerta fronteriza.

Durante unos treinta minutos, nacionalismo, teatro y tradición se mezclan en uno de los espectáculos más extraños que he presenciado viajando.A pesar de la rivalidad histórica entre ambos países, todo termina exactamente igual cada tarde: las banderas se bajan de forma sincronizada, los soldados se saludan brevemente y las puertas vuelven a cerrarse hasta el día siguiente.

No se parece a ninguna otra frontera del mundo.Y solo por eso ya merece la pena dedicarle una tarde completa.

Días 3 y 4: Un desvío inesperado hacia las montañas de Khyber Pakhtunkhwa

Mi intención era pasar el fin de semana en Islamabad.En cambio, terminé en las montañas de Khyber Pakhtunkhwa.

Fue completamente improvisado y, visto con perspectiva, fue una de las mejores experiencias de todo el viaje.Después de que el tren quedara detenido por las protestas políticas, acepté la invitación de un grupo de jóvenes paquistaníes que había conocido durante el trayecto. Su plan era pasar el fin de semana en un lodge de montaña y me invitaron a acompañarlos.

Nunca había oído hablar del lugar donde íbamos.Ni siquiera sabía exactamente dónde estaba.Solo sabía que nos dirigíamos hacia el norte.

¿Merece la pena visitar Khyber Pakhtunkhwa?

Sin ninguna duda.Si tienes una semana en Pakistán y no dispones de tiempo suficiente para llegar a Hunza o Skardu, creo que esta provincia es una de las mejores alternativas.

Khyber Pakhtunkhwa conserva algunos de los paisajes más espectaculares del país y, al mismo tiempo, recibe muchos menos visitantes extranjeros. Encontrarás pequeños pueblos de montaña, bosques, carreteras panorámicas y un ambiente mucho más tranquilo que en las grandes ciudades.

Es una escapada perfecta de dos días desde Islamabad o incluso desde Lahore si no te importa dedicar varias horas al transporte.

Cómo llegar

Nosotros hicimos casi todo el recorrido por carretera.

Primero viajamos durante unas siete horas desde la zona de Islamabad hasta las montañas en una furgoneta de 16 plazas. La carretera atraviesa pequeños pueblos, valles y ríos, y poco a poco el paisaje cambia completamente.Pero la verdadera aventura empezó al abandonar el asfalto.

Los últimos kilómetros hasta el alojamiento los hicimos en un viejo 4×4, el único vehículo capaz de superar aquellas pendientes.La pista era de tierra, muy estrecha y llena de piedras. En algunos tramos apenas cabía un coche y, a un lado, aparecían barrancos de varios cientos de metros. Había curvas cerradas donde parecía imposible cruzarse con otro vehículo y más de una vez pensé que cualquier pequeño error del conductor tendría consecuencias muy serias.Sin embargo, ellos recorrían aquella carretera con una tranquilidad absoluta.

Era evidente que estaban acostumbrados.Yo, en cambio, pasé buena parte del trayecto agarrado al asiento mientras intentaba disfrutar del paisaje sin mirar demasiado hacia el precipicio.

Cuando finalmente llegamos, entendí por qué el acceso era tan complicado.

El lodge estaba completamente aislado, rodeado de montañas y bosques, con unas vistas espectaculares que hacían olvidar inmediatamente las siete horas de viaje y la subida en todoterreno.

¿Dónde alojarse?

Si organizas esta escapada por tu cuenta, busca pequeños hoteles rurales o mountain lodges en zonas como Abbottabad, Nathia Gali, Ayubia o los alrededores de Naran, dependiendo de la época del año y del tiempo que tengas disponible.

No esperes grandes hoteles de lujo.

Precisamente el encanto está en alojarte en cabañas o pequeños lodges familiares rodeados de naturaleza.

Muchos incluyen desayuno y cena, y las vistas suelen ser increíbles.

Salimos a caminar por senderos de montaña, contemplamos el atardecer desde varios miradores naturales y pasamos horas simplemente sentados conversando mientras bebíamos chai caliente para combatir el frío.

Por la noche, el silencio era absoluto.Después del ruido constante de Lahore, escuchar únicamente el viento entre los árboles resultaba casi extraño.Las temperaturas descendían rápidamente y un buen abrigo era imprescindible, especialmente fuera de los meses de verano.

Fue entonces cuando pensé que, si hubiera seguido mi plan inicial, probablemente habría pasado ese mismo fin de semana visitando edificios modernos en Islamabad.En cambio, gracias a un imprevisto, estaba descubriendo un rincón del país al que muy pocos viajeros llegan.

Y, sin saberlo, todavía me esperaba la parte más intensa del viaje: poner rumbo a Peshawar, la histórica puerta de entrada hacia Afganistán.

Días 5, 6 y 7: Peshawar, la ciudad donde nació mi viaje a Afganistán

Después de dos días inolvidables en las montañas, llegó el momento de despedirme de mis nuevos amigos.Ellos regresaban a sus trabajos, a sus universidades y a su rutina. Yo continuaba viajando.

Nos dimos un abrazo, intercambiamos los últimos números de teléfono y, casi sin darme cuenta, volvía a estar solo.Era una sensación curiosa.Hacía apenas unos días no conocía absolutamente a nadie en Pakistán y ahora me despedía de un grupo de personas que me había abierto las puertas de su país y de su vida como si nos conociéramos desde hacía años.

Con mi mochila al hombro tomé varias furgonetas compartidas rumbo al oeste.Las montañas daban paso a grandes llanuras, aparecían más controles policiales y los carteles comenzaban a mostrar nombres que llevaba años leyendo en documentales y libros de historia.Me dirigía hacia Peshawar.

¿Merece la pena visitar Peshawar?

Para mí, sí.De hecho, fue la ciudad que más me marcó de todo Pakistán.No es la más bonita.Tampoco la más cómoda.Y probablemente tampoco sea la mejor opción para un primer viaje si buscas únicamente monumentos.

Pero si quieres entender una parte muy diferente del país, Peshawar es imprescindible.

Situada a pocos kilómetros del histórico Paso de Khyber, ha sido durante siglos una de las puertas de entrada entre Asia Central y el subcontinente indio. Por aquí pasaron comerciantes de la Ruta de la Seda, conquistadores, caravanas y ejércitos. Esa mezcla de culturas todavía se percibe en sus calles.

Cómo llegar desde Khyber Pakhtunkhwa

Dependiendo de la zona donde te alojes, puedes regresar primero hacia Abbottabad o Islamabad y desde allí continuar por carretera hasta Peshawar.

La autopista está en buen estado y existen autobuses y furgonetas compartidas durante todo el día.Yo opté por el transporte local.Fue más lento, bastante menos cómodo y mucho más auténtico.

Las furgonetas iban completamente llenas. En ocasiones parecía físicamente imposible que entrara una persona más, pero siempre aparecía un hueco donde sentarse… o al menos donde apoyar medio cuerpo.

Aun así, nunca sentí inseguridad durante el trayecto.Los pasajeros hablaban entre ellos, compartían comida y, como ya me había ocurrido en Lahore, no tardaron en preguntarme de dónde era.

Qué ver en Peshawar

Aunque lo mejor es perderse por sus calles, hay algunos lugares que recomiendo visitar.

Qissa Khwani Bazaar, conocido como el Bazar de los Cuentacuentos, es probablemente el lugar más emblemático de la ciudad. Durante siglos fue el punto donde los comerciantes que recorrían la Ruta de la Seda se reunían para descansar y compartir historias de sus viajes.

También merece la pena acercarse a la Mezquita Mahabat Khan, una de las más bonitas del norte de Pakistán, y pasear por los mercados tradicionales de Namak Mandi, famoso por sus restaurantes especializados en cordero y carne a la parrilla.

Si disfrutas de la fotografía callejera, probablemente sea una de las ciudades más interesantes de todo el país.

Una ciudad llena de historia… y de controles

Algo que me llamó la atención fue la fuerte presencia policial.En varios puntos de la ciudad encontré controles de seguridad, barricadas y agentes armados.Como extranjero, en algunos momentos despertaba bastante curiosidad.Más de una persona se acercó simplemente para darme la bienvenida a Peshawar.Otros querían practicar inglés o preguntarme qué hacía allí.Nunca imaginé que una ciudad con una reputación tan complicada pudiera resultar tan acogedora.

Pakistán fue uno de los países que más me sorprendió. En solo siete días descubrimos ciudades llenas de historia, paisajes de montaña impresionantes y, sobre todo, la increíble hospitalidad de su gente. Si buscas un destino diferente, auténtico y aún poco explorado, este itinerario es una excelente forma de conocer lo mejor del país.